Entre el olvido y el recuerdo existe
un largo camino, igual de largo que el camino de mi casa a la farmacia. Entre
mi casa y la farmacia está el parque. En dicho parque es donde me siento a leer
y a observar cómo, llenos de una efervescente alegría, juegan los niños; a
veces leo poesía, a veces veo como se lanzan la pelota unos a otros, a veces
leo las escondidillas y a veces veo como juegan a la novela, es divertido,
realmente divertido. Reitero, el camino del olvido al recuerdo es bastante
similar al de mi casa a la farmacia, con un parque muy parecido y toda la cosa.
Ahora, ¿a dónde intento llegar con
todo esto? Es simple, sólo deseo e intento decir que ya no la recuerdo. Es
extraño, pero no imposible, le escribo a ella aunque ya no la recuerdo. En ocasiones,
muchas ocasiones, lo extraño es muy simple. Ya no la recuerdo pero todavía no
la olvido, nunca la he olvidado y tal vez nunca la olvide. Así pues, lo incito
a conjeturar sus propias conclusiones.
PD:
¡Qué lindo es el parque!
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